Secuestros quitan paz a familias

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Elida Figuereo lleva siete meses sin tener paz ni sosiego desde el 6 de septiembre del 2010, cuando su esposo, Marcelo Valdez Lorenzo, fue secuestrado.

La vida de esta dama y la de los cinco hijos de la pareja ha sido desde entonces de incertidumbre e intranquilidad.

La mayor angustia y sufrimiento de esta familia la alimenta el hecho de que se desconoce la situación de Valdez Lorenzo, de 73 años, porque sólo en los primeros días los parientes recibieron una llamada de los presuntos secuestradores. “Yo más nunca he podido dormir”, dice esta señora, de 63 años, con voz quebrada, mientras se lleva las manos a los ojos para secarse las lágrimas que brotaron casi por gravedad.

Figuereo ha bajado de peso paulatinamente. Aunque no se ha pesado en los últimos días, está consciente de que ya no tiene las 160 libras de antes, fruto del sufrimiento padecido en estos ocho meses. “A la ropa tengo que cogerle tachones, porque no me sirven”, comenta.

Ha tenido que recibir orientaciones de un sicólogo, porque el hecho le ha afectado tanto que a veces no recuerda bien el rostro de su esposo.

Aunque la familia de Marcelo Valdez Lorenzo ya le hizo novenario al darlo por muerto, Elida Figuereo abriga la esperanza de que aparezca vivo, pero quiere que aparezca como sea. “Si lo mataron, quiero que aparezca el cadáver, para enterrarlo”, dice.

Ruta ascendente
El caso de Marcelo Valdez es solo uno de los 39 secuestros ocurridos en el país durante el 2010. Esos delitos penales llevan una ruta ascendente en República Dominicana, con un promedio de dos por cada mes en los últimos dos años y tres meses, ya que desde el año 2009 a enero del 2011 los casos suman 69.

En los primeros tres meses del 2011 ya se han registrado cinco, mientras que en el 2009 el número de casos ascendió a 25, con 15 menos que en el 2010, conforme a las estadísticas aportadas por la Dirección Nacional de Investigaciones Criminales de la Policía Nacional (DICRIM).

Pero las estadísticas de la Policía solo muestran los casos resueltos por la institución del orden, ya que existe un subregistro, debido a que en ocasiones los familiares han negociado directamente con los secuestradores sin informar el hecho a la Policía.

“Hemos tenido información de que ha habido secuestros que los familiares deciden resolver por allá y pagar cierta cantidad de dinero, especialmente de personas ligadas al narcotráfico, porque saben que tienen problemas con la justicia”, señaló el coronel José Antonio Ceballos, subdirector del DICRIM.

Ceballos sostiene que generalmente logran resolver el caso sin que los familia- res paguen rescate. No obstante, señala que a veces los familiares del secuestrado se dejan presionar por los captores y lo hacen a espaldas de la Policía.

La cifras pagadas a cambio de liberar a un rehén oscilan entre 45 mil y 95 mil dólares.

Ceballos expone que la Policía lo que puede hacer es perseguir a los secuestradores, para ser apresados y sometidos a la justicia. “Los secuestros más difíciles son los que realizan grupos subversivos, que a veces secuestran a un empresario y se puede tomar mucho tiempo, entre 15 días y un mes, esa es una situación difícil para las autoridades y para los familiares”, subrayó Ceballos.

Caso pendiente
A Valdez Lorenzo, un profesor pensionado, que administraba el colegio de una hermana, lo secuestraron de forma violenta alrededor de la 1 p.m., mientras conducía su vehículo por la avenida 27 de Febrero, para ir a comer a su casa, en el sector Herrera.

El hijo menor de la pareja observó el episodio, porque accidentalmente pasaba por el mismo lugar con destino a la casa donde se juntaban a la hora del almuerzo, pero no pudo evitar el secuestro. Había otro carro parado delante del de su esposo, con otra persona, y juntos emprendieron la marcha. El hijo los siguió y se le pegaba al carro, pero en un momento le dio tan duro que su vehículo hizo un giro en forma de “U” y se devolvió en vía contraria.

Dio la vuelta y ahí se le desaparecieron, según le contó el hijo a su madre. El mismo hijo avisó a la Policía y se activó la búsqueda.

Solo encontraron el carro del profesor, que los plagiadores habían dejado abandonado en la carretera vieja de San Cristóbal.

Los familiares descartan que el motivo sea para robarle el vehículo, porque no era moderno. “Sabemos que fue un secuestro, porque se lo llevaron dos tipos, pero no sabemos el motivo, nosotros no tenemos dinero, somos personas pobres”, dice.

El plagio de Lorenzo Valdez es investigado por la Policía Nacional, que lo califica como complicado, debido a que no mantienen comunicación con los secuestradores. En los primeros días del hecho recibieron una llamada pidiendo un rescate, pero no han tenido más comunicación.

MOTIVOS DE PLAGIOS MÁS FRECUENTES
El interés económico y el cobro de una deuda por asuntos de narcotráfico son los dos principales motivos de los secuestros que han ocurrido en el país.

Los de carácter netamente económico se dan cuando individuos que usualmente participan en actos delictivos, se organizan porque entienden que pueden obtener uno o dos millones de pesos, en vez de una suma menor que pueden conseguir en un robo o un atraco.

La otra modalidad la realizan personas ligadas al narcotráfico, que cautivan a una persona o “socio” para cobrarle una determinada cantidad de dinero que le adeuda por el negocio de la droga, y luego exigen a sus familiares esa suma.

El Gran Santo Domingo y las provincias de la Región Norte registran la mayoría de los secuestros. En cuanto a la nacionalidad, la mayor parte de los secuestrados son dominicanos.

Generalmente, los secuestradores han tenido antecedentes penales. El secuestro de niños muchas veces lo planifica el papá o la mamá, cuando están separados, para exigir dinero a la otra parte, o como mecanismo de presión y amenaza, en caso de que uno quiera divorciarse.

Para intervenir ante un secuestro, la Policía exige al pariente que presente su denuncia formal del hecho, para contar con la base legal para actuar. Agotado ese procedimiento, primero verifica que esa persona que se informa como secuestrada o desaparecida no está detenida en alguna institución judicial o de seguridad del Estado, para de esa forma confirmar que realmente se trata de un secuestro. Pero si existe un pedido de rescate, ya proceden de inmediato y apoderan del caso a la fiscalía correspondiente.

Ceballos explicó que a veces no se trata de un secuestro, sino que la persona fue apresada y detenida por la Dirección de Control de Drogas (DNCD).

Confirmado el secuestro, alertan a la fuerza policial a nivel nacional y se utilizan medios de inteligencia que no detalló por razones de seguridad, al igual que las herramientas tecnológicas con que cuentan.

Cómo actuar ante un secuestro
Consejos últiles

Ante la ocurrencia de un secuestro, se recomienda aplicar una serie de medidas de conducta tanto al cautivo como a sus familiares, para garantizar la vida del secuestrado y no entorpecer cualquier tipo de gestión que se esté realizando para recuperarlo.

1- Calma Los familiares deben tratar de no desesperarse, sacar fuerzas y establecer siempre un vínculo entre ellos y los secuestradores.

2- Sin insultos Durante el encierro, no se deben crear situaciones de insultos, sino mantener todo el tiempo el canal abierto para la negociación.

3- Negociación En todo momento, los parientes deben informar a los secuestradores que están dispuestos a pagar el dinero pedido por el rescate.

4- Conducta Los secuestrados deben mantenerse serenos, porque de esa forma pueden lograr buen comportamiento de sus plagiadores.

5- Integridad Las personas cautivas deben esforzarse por no dar ningún paso que pueda molestar a sus secuestradores, para evitar poner en peligro su integridad física.

6- Pecuniario A menos que el motivo del secuestro sea por un “tumbe” vinculado al negocio de la droga, el interés de los secuestradores es cobrar dinero por el rescate.

7- Comunicación La Policía Nacional aconseja a los parientes mantener siempre abierta una vía de comunicación con los secuestrados, para tener tiempo suficiente para localizar el lugar.

8- Garantías Los parientes de los secuestrados deben tener presente que el punto esencial en todo el proceso de la negociación y la comunicación con los delincuentes es proteger la vida de la víctima.

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