arcos se alían con pandilleros
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EL PASO, Texas - Cuando los narcotraficantes mexicanos necesitan que alguien se encargue de un asesinato o un secuestro, o de distribuir drogas en Estados Unidos, con frecuencia creciente acuden a "contratistas locales": pandilleros presos, que siguen manejando grandes operaciones desde la cárcel, incluso cuando están sometidos a un régimen de incomunicación.
Los pandilleros presos controlan un ejército de matones que están libres. En el pasado se dedicaban mayormente a la venta de drogas a nivel callejero. Pero las autoridades dicen que en la última década se han involucrado más en el tráfico de drogas y forjado estrechas relaciones con los carteles mexicanos.
"Hacen el trabajo sucio que no quieren hacer los carteles", comentó un ex miembro de la pandilla Barrio Azteca, vinculada con el cartel de Juárez.
Ambos bandos se benefician: Las pandillas ofrecen a los carteles una cantidad de matones experimentados y una amplia red de distribución, en tanto que los carteles ofrecen a los pandilleros presos drogas a precios rebajados y apoyo logístico.
Beneficio mutuo
Los pandilleros presos apelan a distintas tretas para manejar sus negocios desde adentro de las cárceles: un lenguaje con signos, cartas a través de terceros, la complicidad de funcionarios corruptos y conferencias telefónicas usando celulares ingresados a la prisión a escondidas. Se dice que incluso emplean antiguos dialectos aztecas para que los censores no sepan de qué hablan.
La agente especial del FBI Samantha Mikeska, que investiga Barrio Azteca desde hace una década, se pregunta si sirve de algo poner a los pandilleros entre rejas.
"Creo que les damos más poder", afirmó.
El último informe anual del Departamento de Justicia indicó que hay pandillas operando desde la cárcel en los 50 estados y que cada vez tienen más influencia en el tráfico de drogas.
Documentan alianza
Las autoridades han documentado numerosos lazos entre los pandilleros detenidos y los narcotraficantes.
Por ejemplo, fiscales de San Diego encausaron el año pasado a 36 personas en un caso en el que se comprobaron vínculos entre la Mafia Mexicana de California y el cartel Arellano Félix de Tijuana.
Baldemar Rivera dirigió por años las operaciones de la pandilla de Texas Raza Unida a pesar de estar en un régimen de aislamiento, algo común con los pandilleros presos.
Lenguaje de signos
Rivera, quien luce anteojos y es conocido como "el profesor" por su personalidad aparentemente tranquila, dice que usó un lenguaje de signos para hablar de negocios con los subordinados que lo visitaban en la prisión.
Si necesitaba comunicarse con pandilleros de otras cárceles, recurría a sus colaboradores, también presos, para que les escribiesen.
"En tres o cuatro días se sabía todo", manifestó Rivera, quien tiene hoy 50 años y cumple en una cárcel de seguridad intermedia de Cuero una sentencia a 60 años por asesinato. Dice que se alejó de las pandillas hace una década, tras cumplir con un programa que ofrece el estado para quienes quieren abandonar esa vida.

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