ONU pide que a comida chatarra se la trate tan duro como al cigarrillo
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Imagine usted que al comprar una chocolatina le mostraran en el empaque una foto de un diabético inyectándose insulina, o de un obeso teniéndose que desplazar en sillas de ruedas porque ya no puede caminar.
Pues algo similar fue sugerido la semana pasada por Olivier de Schutter, relator especial de Naciones Unidas para la Alimentación, en el encuentro Hacia una Convención Mundial para Proteger y Promover las Dietas Saludables, organizada por Consumers International.
Shutter señaló a la obesidad como la amenaza más grande para la salud mundial, y propuso para controlarla crear regulaciones tan severas como las aplicadas a la industria tabacalera, cuyas cajetillas, en varios países del mundo, muestran fotos acompañadas del efecto del cigarrillo en el cuerpo humano.
En el pasado, el experto ya había hecho un llamado por más acciones gubernamentales en contra de la comida chatarra, incluyendo cobrarle impuestos extra, imponer controles a su publicidad y repensar los subsidios agrícolas que hacen que la comida poco saludable sea más barata.
La tarea no parece nada fácil, como lo dijo recientemente el doctor Tim Lobstein, de la World Obesity Federation, a la BBC de Londres: “Como la obesidad está causada principalmente por el exceso del consumo de alimentos grasos y con mucha azúcar, hemos visto a legisladores reticentes a meterse con los intereses de la corporaciones que promueven estas comidas”.
Sin embargo, estas iniciativas parecen estar tomando fuerza en los últimos años, dado el alto costo económico que la obesidad representa. Se calcula por ejemplo que en EE. UU. (el segundo país del mundo con mayor prevalencia de obesidad) se pagan 190.000 millones de dólares en gastos médicos asociados a la obesidad. Esto es aproximadamente el 21 por ciento del gasto total de salud en ese país.
Realidad nacional
La situación en Colombia también es muy preocupante, ya que uno de cada dos colombianos tiene exceso de peso, según la última encuesta Ensin de 2010. Y esto está directamente relacionado con otros costos ocultos, como lo explica Fernando Ramírez, subdirector de enfermedades transmisibles del Ministerio de Salud: “En Colombia, una de cada tres personas muere por problemas cardiovasculares y una de cada cinco muere por cáncer. Estas muertes pueden ser asociadas con obesidad”, afirma. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, la obesidad es responsable de 3,4 millones de muertes cada año.
Por esta razón, Fanny Aldana, nutricionista epidemióloga y experta de la mesa de obesidad de Colciencias, se muestra de acuerdo con quienes han alzado la voz para lograr un acuerdo multilateral que permita hacer frente a este problema. “La intención de una persona de bajar de peso se complica mucho cuando la televisión la bombardea de publicidad, o si en el restaurante al que puede acceder solo le ofrecen comida y bebidas hipercalóricas”, afirma.
Según Ramírez, quien no desestima la necesidad de un acuerdo internacional, pero que considera que hace falta concientizar a la sociedad en general acerca del riesgo que significa la obesidad, el Ministerio de Salud está tomando medidas en la materia.
“Ya estamos trabajando desde hace un año y medio con algunas empresas para que bajen la cantidad de sal de sus productos”, señala Ramírez entre otras estrategias.
Sin embargo, son varias la voces que hacen un llamado para que todos los sectores de la sociedad, como los colegios y las empresas, se comprometan.
Esto también incluye a las familias. “Queremos que involucren a los niños en su proceso de alimentación, que los lleven a hacer mercado, que cocinen con ellos. Eso nos garantizará que serán individuos que serán capaces de entender qué dice una etiqueta, y de diferenciar qué es saludable y qué no”.
Pues algo similar fue sugerido la semana pasada por Olivier de Schutter, relator especial de Naciones Unidas para la Alimentación, en el encuentro Hacia una Convención Mundial para Proteger y Promover las Dietas Saludables, organizada por Consumers International.
Shutter señaló a la obesidad como la amenaza más grande para la salud mundial, y propuso para controlarla crear regulaciones tan severas como las aplicadas a la industria tabacalera, cuyas cajetillas, en varios países del mundo, muestran fotos acompañadas del efecto del cigarrillo en el cuerpo humano.
En el pasado, el experto ya había hecho un llamado por más acciones gubernamentales en contra de la comida chatarra, incluyendo cobrarle impuestos extra, imponer controles a su publicidad y repensar los subsidios agrícolas que hacen que la comida poco saludable sea más barata.
La tarea no parece nada fácil, como lo dijo recientemente el doctor Tim Lobstein, de la World Obesity Federation, a la BBC de Londres: “Como la obesidad está causada principalmente por el exceso del consumo de alimentos grasos y con mucha azúcar, hemos visto a legisladores reticentes a meterse con los intereses de la corporaciones que promueven estas comidas”.
Sin embargo, estas iniciativas parecen estar tomando fuerza en los últimos años, dado el alto costo económico que la obesidad representa. Se calcula por ejemplo que en EE. UU. (el segundo país del mundo con mayor prevalencia de obesidad) se pagan 190.000 millones de dólares en gastos médicos asociados a la obesidad. Esto es aproximadamente el 21 por ciento del gasto total de salud en ese país.
Realidad nacional
La situación en Colombia también es muy preocupante, ya que uno de cada dos colombianos tiene exceso de peso, según la última encuesta Ensin de 2010. Y esto está directamente relacionado con otros costos ocultos, como lo explica Fernando Ramírez, subdirector de enfermedades transmisibles del Ministerio de Salud: “En Colombia, una de cada tres personas muere por problemas cardiovasculares y una de cada cinco muere por cáncer. Estas muertes pueden ser asociadas con obesidad”, afirma. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, la obesidad es responsable de 3,4 millones de muertes cada año.
Por esta razón, Fanny Aldana, nutricionista epidemióloga y experta de la mesa de obesidad de Colciencias, se muestra de acuerdo con quienes han alzado la voz para lograr un acuerdo multilateral que permita hacer frente a este problema. “La intención de una persona de bajar de peso se complica mucho cuando la televisión la bombardea de publicidad, o si en el restaurante al que puede acceder solo le ofrecen comida y bebidas hipercalóricas”, afirma.
Según Ramírez, quien no desestima la necesidad de un acuerdo internacional, pero que considera que hace falta concientizar a la sociedad en general acerca del riesgo que significa la obesidad, el Ministerio de Salud está tomando medidas en la materia.
“Ya estamos trabajando desde hace un año y medio con algunas empresas para que bajen la cantidad de sal de sus productos”, señala Ramírez entre otras estrategias.
Sin embargo, son varias la voces que hacen un llamado para que todos los sectores de la sociedad, como los colegios y las empresas, se comprometan.
Esto también incluye a las familias. “Queremos que involucren a los niños en su proceso de alimentación, que los lleven a hacer mercado, que cocinen con ellos. Eso nos garantizará que serán individuos que serán capaces de entender qué dice una etiqueta, y de diferenciar qué es saludable y qué no”.


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